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(Dealing With an Asthma Flare-Up)

Si tienes asma, probablemente ya sabrás qué es una crisis asmática. Las crisis asmáticas, o ataques de asma, ocurren cuando los síntomas asmáticos empeoran. Durante una crisis asmática, puedes presentar:

  • dificultad para respirar 
  • opresión de pecho 
  • respiración sibilante o jadeo (hacer "pitos" al respirar) 
  • tos

Las crisis asmáticas ocurren porque las vías respiratorias de los pulmones se irritan e inflaman más de lo habitual. Los pulmones pueden segregar una mucosidad pegajosa que obtura parcialmente las vías respiratorias. Y los músculos que hay alrededor de esas vías se contraen, estrechándolas todavía más. Estos problemas que afectan a los pulmones dificultan tanto la inspiración (coger aire) como la espiración (sacar aire).

Para aprender a controlar las crisis asmáticas, deberás estar pendiente de las señales que te envía tu cuerpo sobre que se está avecinando una crisis, tener un plan para afrontar las crisis, y prevenir futuros ataques con la medicación y evitando los desencadenantes.

Detecta las pistas

Cuando hayas tenido varias crisis asmáticas, tal vez te des cuenta de que, cuando se avecina una crisis, te encuentras de determinada manera. Tal vez tengas opresión de pecho o picor de garganta, te sientas cansado o tengas tos a pesar de no estar acatarrado. Si tienes un medidor de flujo espiratorio máximo, ése podría ser un buen momento para utilizarlo.

Ten un plan

Si tienes la sensación de que se está avecinando una crisis asmática, pide ayuda. Informa a las personas que te rodean de lo que te está ocurriendo, y después aplica tu plan de acción contra el asma. Éste es un programa escrito, que habrá elaborado tu médico con tu colaboración, donde se indica qué medicamento debes tomar y qué debes hacer a continuación. Es tentador intentar ignorar la crisis o esperar que se te pase sola. Pero no lo hará - y tú podrías acabar en urgencias.

Cuando tengas una crisis, es importante que mantengas la calma y te centres en lo que dice tu plan de acción contra el asma. Probablemente tu médico te habrá enseñado a utilizar la medicación "de rescate", o alivio inmediato, y, si sabes qué es lo que te ha desencadenado los síntomas, lo mejor es que te alejes de ello. A veces eso será lo único que tendrás que hacer para controlar el asma.

En otras ocasiones, si la crisis es más grave, es posible que necesites más ayuda. Lo más importante es que tengas preparado un plan de acción que tu médico habrá elaborado con tu ayuda para que sepas qué hacer cuando tengas el ataque, sea leve o fuerte.

Prevé las crisis

Las crisis asmáticas se pueden controlar, pero todavía es mejo evitar que ocurran en primer lugar. Una forma de conseguirlo es evitando las cosas que te desencadenan los síntomas asmáticos siempre que sea posible.

Muchas personas que padecen asma también tienen alergias; en esas personas los desencadenantes habituales de las crisis asmáticas incluyen productos que también desencadenan reacciones alérgicas. Los alergenos incluyen la caspa de los animales domésticos, los ácaros del polvo, el moho y las cucarachas. Hay otros desencadenantes que no provocan reacciones alérgicas, pero que también irritan las vías respiratorias. Entre ellos se incluyen el humo del tabaco, el aire frío, el ejercicio físico e infecciones como los catarros. Si te esfuerzas en evitar los desencadenantes, podrás evitar muchas crisis asmáticas.

Si el médico te ha recetado un medicamento "de control", o preventivo, el hecho de tomártelo tal y como él te haya indicado es otra forma de evitar las crisis asmáticas. Los medicamentos de control se deben tomar regularmente, incluso los días en que uno se encuentra bien.

Algunas crisis asmáticas son graves y otras son leves. Las crisis asmáticas pueden ser repentinas, pero también se pueden ir preparando a lo largo del tiempo, sobre todo si no te tomas regularmente el medicamento "de control". No podrás evitar todas las crisis, de modo que lo mejor que puedes hacer es estar preparado y saber cómo deberías actuar si tuvieras una.

Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD
Fecha de la revisión: abril de 2007