(Managing Asthma)

Tenemos que darle una buena noticia: en la mayoría de los niños, el asma se puede controlar, a veces tan bien, que algunos niños sólo tienen crisis asmáticas (llamadas coloquialmente "ataques de asma") muy poco frecuentemente. Para muchas familias, el proceso de aprendizaje es la parte más difícil del control del asma. Entre el momento en que se emite el diagnóstico de asma y el momento en que este trastorno se controla adecuadamente, hay mucho que aprender y mucho que hacer. Su hijo puede tener alguna crisis mientras está aprendiendo a controlar el asma, pero eso es algo para lo que usted debe estar preparado y no debe dejar que le desanime. Para dominar todos los aspectos implicados en el control del asma puede hacer falta un poco de tiempo y energía, ¡pero el esfuerzo compensa con creces!

El tiempo que hace falta para controlar el asma depende de la edad del niño, la gravedad de los síntomas, la frecuencia de las crisis y lo dispuesta que esté la familia y lo capaz que sea de seguir el programa de tratamiento indicado por el médico. Todo niño a quien se le haya diagnosticado asma necesita un plan de tratamiento del asma personalizado diseñado por un médico para controlar los síntomas y las crisis. Este plan suele constar con cinco partes.
Primer a parte: identificar y controlar los desencadenantes del asma
El asma puede estar provocada por distintos tipos de desencadenantes: aquellas sustancias que pueden irritar las vías respiratorias y provocar un episodio de asma. Los desencadenantes pueden variar entre estaciones y a medida que el niño vaya creciendo. Algunos de los más habituales son:
- Los alergenos, incluyendo los microscópicos ácaros del polvo, que se encuentran en el polvo doméstico, alfombras, moquetas y almohadas; la caspa y la saliva de los animales domésticos; el polen y el heno; el moho; algunos alimentos; algunos medicamentos; y las cucarachas.
- Las infecciones víricas, incluyendo el resfriado común y la gripe.
- Los irritantes, incluyendo el humo, los ambientadores, los aerosoles, los vapores de pintura, las lacas para el pelo y los perfumes.
- El ejercicio
- Respirar aire frío
- Los cambios de tiempo
Identificar los síntomas y los desencadenantes puede requerir tiempo y exige un trabajo de detective. Pero una vez que se identifica el patrón que siguen los síntomas del niño, se pueden evitar algunos de los desencadenantes adoptando medidas de control ambiental.
Segunda parte: anticipar y prevenir las crisis asmáticas
Muchos niños con asma experimentan una inflamación gradual de las vías respiratorias al exponerse a desencadenantes cotidianos - pero ellos no lo pueden percibir. Su respiración puede parecer normal y sin dificultad a pesar de que sus vías respiratorias se están estrechando e inflamando, preparando el terreno para una crisis asmática.
Puesto que el hecho de escuchar la respiración de un niño (o de preguntarle como se encuentra) no puede darnos una idea precisa de lo que está ocurriendo realmente en sus vías respiratorias, necesitamos una forma más objetiva de medir la capacidad respiratoria. La espirometría es una prueba que permite medir el volumen y la velocidad del aire expelido por los pulmones. Los especialistas en asma utilizan un espirómetro, un aparato informatizado que permite hacer mediciones detalladas para evaluar la capacidad respiratoria.
En casa, puede utilizar un medidor de flujo espiratorio máximo - un aparato portátil que mide la capacidad respiratoria. Cuando descienden las mediciones, significa que está aumentando la inflamación en las vías respiratorias. El medidor de flujo máximo puede detectar inflamaciones y obstrucciones muy leves de las vías respiratorias - incluso cuando el niño se encuentra bien. En algunos casos, permite detectar descensos del flujo espiratorio máximo entre dos y tres días antes de que se produzca la crisis asmática, lo que da tiempo suficiente para adoptar las medidas terapéuticas y preventivas apropiadas.
Durante las primeras etapas de tratamiento, el médico generalmente pedirá al niño que haga una serie de mediciones del flujo espiratorio máximo durante un período de tiempo determinado. Estas mediciones le ayudarán a establecer la línea base de flujo espiratorio máximo del niño (FEM) - es decir, su estado óptimo personal cuando presenta menos síntomas. Una vez establecida la línea de base, el niño deberá medirse el flujo espiratorio máximo por lo menos una vez al día, a fin de comparar las mediciones diarias con la línea de base.
Otra forma de saber cuándo se aproxima una crisis es buscar los primeros signos de alarma. Éstos son pequeños cambios que indican que es posible que deban hacerse ajustes en la medicación del niño (de acuerdo con el plan de tratamiento del asma personalizado) a fin de prevenir posibles crisis. Los primeros signos de alarma ayudan a saber que se puede estar aproximando una crisis horas o incluso días antes de la aparición de síntomas obvios de asma (como las sibilancias y la tos). Por ejemplo, el niño puede presentar cambios en su aspecto, estado de ánimo o respiración, o quejarse de que se "encuentra raro". Los primeros signos de alarma no siempre son una prueba indudable de que se está preparando una crisis, pero permiten planificar las cosas con antelación, por si acaso. "Sintonizar" con estos cambios tan sutiles es algo que suele requerir un período de "aprendizaje", pero con el tiempo resulta más fácil reconocerlos.
Los padres de niños muy pequeños, que todavía no pueden hablar o utilizar el medidor de flujo espiratorio máximo, suelen encontrar muy útiles los primeros signos de alarma para predecir y prevenir las crisis. Y estos signos también pueden ser de gran ayuda para los niños mayores o incluso para los adolescentes, porque les enseñan a detectar pequeños cambios en su propio organismo. Si son ya más grandes, podrán ir ajustando la medicación ellos mismos de acuerdo con su plan de tratamiento del asma personalizado, y, si no, podrán pedir ayuda.
Tercer parte: tomar la medicación siguiendo las indicaciones del médico
Diseñar una pauta de medicación eficaz para controlar el asma de un niño puede requerir un poco de tiempo y de experimentación. No hay un único remedio que funcione con todos los niños que tienen asma. Los distintos tipos de asma se tratan de diferentes manera, y hay algunas combinaciones de medicamentos que funcionan bien con algunos niños pero no con otros.
Hay dos tipos principales de medicamentos para el asma: medicamentos de alivio rápido ("de rescate") y medicamentos preventivos a largo plazo ("de control"). Los medicamentos para el asma tratan tanto los síntomas como las causas, por lo que permiten controlar eficazmente el asma prácticamente en cualquier niño. Los fármacos que se venden sin receta médica, los remedios caseros y los preparados de plantas medicinales no son buenos sustitutos de los medicamentos para el asma que se venden con receta. En primer lugar, porque, si son el único tratamiento utilizado durante una crisis asmática, pueden poner en peligro la vida del paciente ya que no son capaces de corregir la obstrucción respiratoria con la rapidez y eficacia necesaria (si es que la corrigen). En segundo lugar, no tratan la causa de muchos episodios: la inflamación silente de las vías respiratorias que va aumentando progresivamente. Como consecuencia, el asma no se puede controlar con los medicamentos para el catarro de venta sin receta, que, incluso, pueden empeorar el trastorno.
Cuarta parte: controlar las crisis siguiendo el plan de tratamiento personalizado paso a paso diseñado por el médico
Cuando se dominan los tres primeros pasos del plan de tratamiento del asma personalizado, los niños tienen menos síntomas y menos crisis asmáticas. Pero cualquier niño que tenga asma puede tener una crisis ocasionalmente, sobre todo durante el período de aprendizaje (entre el diagnóstico y el control) o después de exponerse a un desencadenante muy fuerte o nuevo. De todos modos, educando adecuadamente a los pacientes, teniendo a mano la medicación necesaria y desarrollando la capacidad de observación, las familias de hoy en día pueden aprender a controlar casi todas crisis de asma iniciando pronto el tratamiento, lo que se traducirá en una reducción de las visitas a Urgencias y de los ingresos hospitalarios.
El médico entregará a la familia un plan por escrito, paso a paso señalando exactamente lo que se debe hacer entre episodios y cómo reconocerlos y controlarlos cuando ocurran. Se trata de un plan personalizado, diseñado específicamente para cada niño. Con el paso del tiempo, las familias aprenderán a reconocer cuándo conviene iniciar el tratamiento y cuándo pedir ayuda al médico.
Quinta parte: aprender más sobre el asma, los nuevos medicamentos y los nuevos tratamientos
Es un hecho: las personas qué más se educan acerca del asma son las que mejor lo acaban controlando. ¡Afortunadamente, cada día se descubren cosas nuevas sobre el asma! Hay varias organizaciones con las que usted se puede contactar para solicitar información, vídeos, libros, videojuegos educativos y folletos (haga clic en la lengüeta de la derecha sobre Recursos Adicionales). Estas organizaciones podrán indicarle cómo ponerse en contacto con grupos de apoyo de su localidad, donde tanto los niños afectados como sus familias pueden conocer a otras personas que están experimentando el mismo tipo de frustraciones y pasando por el mismo proceso de aprendizaje. Juntos, pueden compartir experiencias, estrategias y consejos útiles, así como formas de afrontar la situación.
Revisado por: Elana Pearl Ben-Joseph, MD
Fecha de la revisión: junio de 2004
Revisado inicialmente por: Denise DiPrimio-Kalman, DO y Kathy Trczinski, RN